jueves, 1 de diciembre de 2016

Ya es diciembre

No sé cómo, pero ya es diciembre. Siempre le dicen a uno que el tiempo vuela cuando se está divirtiendo y los últimos meses han sido eso exactamente, a pesar de los bajos como el frío o la 1:40 que me demoré en llegar a la oficina hoy.

Realmente me parece curioso cómo pasamos de temperaturas aceptables cuando estaban mis papás a estos fríos del carajo que me levanto con 5° en Livermore. Es que no me veo viviendo Noviembre, no sé dónde quedó ni qué se hizo. Lo que es terrible porque otra vez me olvidé de buscar regalo para Xavier en enero, considerando que necesito imaginación para darle algo maravilloso y mucha no tengo :(, así que necesito tiempo para reunir ideas. O ahora mismo ya debería haber enviado las tarjetas de Navidad, no sea que lleguen a Chile en junio.

Pero bueno, ya es diciembre otra vez. De un año que ha sido, en general, un buen año, con visitas y un trabajo nuevo que me llena de satisfacción. Por lo que Bast más quiera, que el mes que queda no sea diferente.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

En la tierra de los pingüinos

Ahora hay en mi pared un aparatito que está haciendo mediciones de la temperatura dentro de la pieza. Y creo que va a ser un verdadero desastre porque aunque todo el mundo vió ayer el termómetro que les mostré (algunos hasta vinieron de visita exclusivamente a ver eso), como estoy aquí con la manta y el escabel eléctricos, la pieza está ya a un par de grados más. Además ayer hacía más frío -hoy llueve-.

Cuando en un par de días miren los datos, seguro que me van a decir lo que siempre dice la gente en estas circunstancias: que la pieza siempre ha estado a la temperatura que se supone tiene que ser y que bueno, sin decirlo directamente, tengo que joderme. Si no fuera por mis pantallas me hubiera ido a la oficina de arriba hasta que el aparato desaparezca, para que todo estuviera tan frío como es sin mi intervención.

Dentro de las buenas noticias, desde luego, está que mi empresa compró una estufa para mi oficina. Pero eso puede ser otro cajón de los diablos si es que no tenemos permiso en realidad para poner estufa, peor si es que el aparatito mide que la temperatura va de acuerdo a lo que la administración considera decente.

Honestamente me frustra y apesta inmensamente tener que luchar por algo tan mínimamente decente como el que la pieza donde estoy sea cómoda. Es una frustración constante luchar contra la gente huevona que no se da cuenta de que tengo frío no porque sea malcriada o inmoral, sino porque por la grandísima cresta tengo frío. Y no soy peor persona porque no puedo andar con polera con 15°. Si pudiera, desde luego que me encantaría estar sentada aquí con 18° con mis vestidos de verano y sandalias. Son mucho más bonitos que mi ropa de invierno.

martes, 29 de noviembre de 2016

Esta es la temperatura en mi oficina

Esta vez no tengo etiqueta para mi post. No sé cómo clasificarlo. No es una tontería, pero tampoco entra en las demás cosas.

Como hace tanto frío en mi oficina, además de los escabeles traje un termómetro. La sensación de tener frío o calor son subjetivas: la temperatura no. Y aunque en este país de la libertad no hay reglas sobre las temperaturas donde trabaja la gente, la recomendación de la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (Occupational Safety and Health Administration, OSHA), la agencia del gobierno gringo que se preocupa de asegurar condiciones de trabajo seguras y saludables para quienes trabajamos, recomienda que las oficinas se mantengan entre 68 a 76 grados Fahrenheit, lo que es entre 20° a 24.5° Celsius. Noten el recomiendan: no pasa nada si nos hacen cagarnos de frío.

Ya nos hemos quejado en varias ocasiones con la administración de mi edificio porque está helado. Pero como helado es subjetivo, realmente no pasa nada más que nos dicen que bueno, van a subir un poquito el termostato, hasta el máximo del rango, que a mí me dijeron era 74 Fahrenheit. Pero o los aparatos son viejos y ya no hacen caso de las temperaturas a las que los ponen, o cuando el administrador cree que nos olvidamos le vuelve a bajar. O bien podría ser, como no todas las oficinas tienen su propio termostato, que quien tiene control de nuestras oficinas termine siendo como uno de los huevones de compañeros que yo tenía en Harvard, que ponía el aire acondicionado a todo chancho porque él andaba con una camiseta debajo de la camisa y un vestón sin mangas encima en el verano. Super hipster, el muy huevón, pero nunca se le ocurrió desabrigarse un poco.

Lo terrible es que no soy la única que se queja de frío. Hoy mismo, en la oficina del lado, la mina que está sentada en su escritorio todo el día, como yo, está con chaqueta. Hay otra a la que veo dando vueltas por los pasillos, con parka.

Bueno, pues en la foto parece que mi oficina está a 19°, unos 66 Fahrenheit. Ridículo. Así que hoy le escribí a mi super jefe para que habláramos de qué hacer. Y tengo permiso de comprar una estufa. Ahora solo tengo que encontrar una decente y que sea lo más eficiente posible.

Una historia de muchos escabeles


Ya les conté que paso frío. Y que no soy la única que se queja de las temperaturas aquí adentro, de modo que no es simplemente que como me han dicho en múltiples ocasiones, tengo el termostato malo. Si hasta Xavier pasó frío cuando estuvo aquí un par de horas.

La cosa se trata ahora de qué hacer para controlar el frío. Realmente no se puede pensar cuando uno está helado. Malo si mi trabajo es ser inteligente y desarrollar cosas que no existen. En principio estaba tratando de sobrevivir con mi manta eléctrica, pero no es demasiado cómoda porque es difícil envolverse bien en los alambres que calientan. Al final me la estaba poniendo sobre las piernas y llenándome la panza de té, pero si se me helaban los pies era un auténtico suplicio, de modo que a menudo terminaba con la manta hecha un lulo alrededor de los tobillos.

La semana pasada me puse más pilla y fui a preguntarle a Amazon por alfombras calefaccionadas, como la mantita del Curo pero para el suelo. Menos mal que no compré nada porque Xavier ya había investigado escabeles que le parecieron con potencial. Uno tiene un ventilador y el otro es una superficie caliente. Como yo no puedo vivir sin un apoyapies, porque soy demasiado chica, era una excelente solución.

Claro que el primer escabel que llegó es el con ventilador, que casi inmediatamente fue declarado desastre porque hace tanto ruido... Es un ruido de ventilador a todo cuete, que probablemente todos conocen como "ruido de computador trabajando a full". No es nada usable, no. Hace demasiado ruido. Así que el segundo escabel tenía que ser la respuesta. Pero cuando llegó parecía que no calentaba nada, o que quizás lo hacía tan lento que no se sienten los pies calientes. Tuve que pasarme el fin de semana jugando con los pies encima para ver que calienta y lo hace bien, pero -especialmente con zapatos- hay que darle su tiempo para que se note.

En el intertanto, debajo de mi escritorio se ve una montaña de escabeles. El de la derecha es el sin ventilador. A la izquierda debajo está el que tengo en todos lados, en la casa (hasta Xavier tiene uno) y aquí, porque es sensacional (principalmente porque se puede poner absolutamente horizontal... yo no necesito poner los pies en ángulo, sino "elevar el suelo"). Y encima está el escabel ruidoso, que pensé inicialmente que debería irse a la casa, pero como tiene un ventilador a veces es lo mejor para calentar hacia arriba las pantorrillas también.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Gracias

Debo estar medio mal de la cabeza, pero ahora estoy hasta las orejas en HTML, Javascript y Python, y estoy tan, tan contenta de estar haciendo esto que estoy bailando en mi silla. Quiero ser agradecida a los dioses por las cosas buenas que tiene mi vida y este es un momento perfecto para eso =^.^=