miércoles, 22 de agosto de 2012

Traumas sociales

Una de las cosas más desagradables de hacer cuando vivía en Chile, era visitar a algunos parientes. Los chilenos suelen ser antipáticos y en parte de mi familia cualquier razón te hace ganador de una pesadez: estás viejo o gordo o pálido (no bronceado). De hecho, hay alguien que me dice cariñosamente "cara de mono". Gustándome mucho los monos, me parece que son bastante feos, de modo que el cariño del apodo se me hace difícil de percibir.

Esa es una de las razones por las que decidí no volver a ver a parte de mi familia (y sospecho que es también una de las razones por las que detesto las reuniones sociales). La vida es muy larga y duele bastante como para tener que aceptar maltratos porque sí.

Claro que yo no contaba con que no es tan fácil de mandar a la cresta a la familia política si no nos gusta cómo nos sentimos con ella. Gracias a Bast, tengo mucha suerte con la mía, excepto en el hecho de que mi suegro es muy sociable y yo no.

La última vez que estuvimos en Chile, me invitaron a un asado. Cuando llegué ya había gente. Según las normas rudimentarias de etiqueta que conozco, quienes conocen a todo el mundo, como los anfitriones, deberían presentarnos a quienes no conocemos. Nadie me presentó a nadie, de modo que yo saludé a todo el mundo de hola, pero sin tocarles, es decir, darles besos. En Chile y España se saluda a la gente de besos, al menos en un ambiente social, pero en otros países no es algo que uno haga con cualquier persona.

Pues una viejuja amiga de mi suegro (sí, mamá, no es señora) fue a decirme, a mis 35 años, que yo era una rota (maleducada), porque en Chile la gente se saludaba de beso, que si se me había olvidado. Le dije que no la conocía y ella me dijo que nos habíamos visto ya antes. Creo que esto fue echarle leña al fuego, porque ella es obviamente una mujer L'Oreal, que se creen importantísimas. El incidente me arruinó la tarde y no he podido dejar de pensar en él desde entonces. Eso sí, no creo que tenga razón. Rotería sería no haberla saludado, lo que sí hice, mirándola a la cara y diciéndole hola.

Lo terrible es que ahora pienso en la posibilidad de tener que ir a la casa de mi suegro con el mismo horror que me causaban las reuniones de mis tíos paternos. No me da la gana andar besuqueando a gente que no conozco. No me daba la gana cuando iba a mis reuniones familiares, donde apenas reconocía a mis primos y no me da la gana hacerlo ahora con vejetes a los que no he visto jamás y no reconocería aún si chocara con ellos en la calle.

¿Alternativas? [Silencio en la sala] En buen chileno, estoy jo-di-da. De la pura desesperación se me ocurrió inventar que tengo una enfermedad dermatológica contagiosa y decírselo a la viejuja para que se asuste, la próxima vez que tenga que verla, pero no creo que me crea si le digo que tengo lepra ^_^. [...] Solo ahora acabo de pensar que sería más creíble decirle que tengo sarna, que sí he tenido en el pasado, a causa de una perrita que llegó infectada.

Honestamente, no aguanto a las mujeres viejas que son L'Oreal, se creen importantes, el hoyo del queque (lo mejor de lo mejor) y pasan por encima de la gente en las colas de los supermercados, exigen que las dejen pasar, que les den los asientos o se sienten en condiciones de dar lecciones a la gente más joven. Me parece una muestra terrible del humor negro de Bast, que habiéndome librado de mis tías, me pongan a una de estas mujeres en la figura de una amiga de mi suegro.