Thursday, 16 February 2012

Irse

En cada viaje siempre me llega un momento en que no me quiero ir. Me sucedió cuando fui a Paris a visitar a Xavier el 2005: me puse a llorar a chorro en el aeropuerto y embarqué llorando. Me sucedió en Japón el 2009: qué pena más grande fue subir al avión en Tokio. Y qué decir de SanSe: también lloré mucho cuando nos fuimos.

Claro, me digo que estos viajes son diferentes: vemos a tanta gente a la que queremos, nos complicamos tanto porque queremos dar a todo el mundo un pedacito de nuestro tiempo (y terminamos invitados a almorzar y cenar casi todos los días, con un aumento extra veloz de peso XD), que cómo no me va a pasar que tampoco me quiera ir, ¿verdad?

Y sin embargo todo es diferente. A menudo cuando vengo a Santiago, la primera semana me la paso encontrando todo mal. Que la ciudad es muy seca, que todo es muy polvoriento, que la ropa o las casas no duran nada limpias. Que mi pelo se vuelve estropajoso, que hay pelos y olor de gato por todos lados. Que todo está lejos, que el sol quema como agua hirviente.

Pero un día, de pronto, todo se vuelve familiar de nuevo. Nada lo es realmente: la casa de mis padres ha cambiado tanto que bien podría ser otra. Lo mismo pasa con el barrio alrededor, ahora lleno de tiendas. La ciudad está llena de edificios diferentes. La misma universidad ha cambiado muchísimo. El sistema de transporte público es distinto también. Esta ciudad no es realmente la que yo dejé. Pero sería fútil pedir que todo permaneciera luego de casi 6 años.

En el fondo, yo ya sé que lo único que me ata a este país es la gente que quiero. Por eso era divertido que nos preguntaran si íbamos a ir a alguna parte: nosotros ya estamos en "alguna parte". Si quisiéramos playas, que es habitualmente lo que significa esa pregunta, hay muchas playas mejores más cerca de nuestra casa en Gringolandia.

En realidad, nosotros no venimos a descansar. Venimos a dar y recibir abrazos (ay, ya me dió una pena enorme). Por eso estaba tan enojada hace unos días: ¿tengo días contados de familia y amigos y me voy a poner a trabajar (con perdón de mi mamá) en huevadas?

Cada vez irse es más difícil. También lo es volver. Pero el único momento en que bebo la hiel amarga de mi elección, es durante los últimos 12 o 14 días de cada viaje. Precisamente estos días.

Wednesday, 15 February 2012

Estamos en el Tercer Mundo con precios del Primero

Ayer fui a Paris (una tienda por departamentos muy grande que tenemos) porque quería probar la hidratante con color de Bobbi Brown. Estoy aburrida de tener que usar mil cosas y que el protector solar me deje cara de cadáver.

Le expliqué a la maquilladora que quería, pero que no sabía qué color escoger de los ¿8? que hay. Ella fue muy amable, me puso la crema en toda la cara, luego me puso corrector iluminador en las ojeras e incluso un colorete de un rosa tan intenso que daba miedo en el envase, pero que quedaba muy bonito en las mejillas.

Todo era idílico, excepto que no me puso la versión oil free y me brilló la cara todo el día. Pero donde todo se rompió fue al preguntarle el precio. La crema vale 40 dólares, unos 20.000 pesos chilenos, en la web de Bobbi Brown. Bueno, pues la chica me dijo que aquí vale 33.000 pesos chilenos, unos 68 dólares.

Creo que siempre hemos sabido que en cosmética y tecnología, Chile es más caro. Se usa una regla de ladrones para "calcular" los precios. El cambio habitual es aproximadamente 1 dólar = 500 pesos chilenos. Pero la conversión que se hace en realidad es simplemente tomar el número y cambiarle la moneda, es decir, si algo vale 50 dólares, costará 50.000 pesos chilenos, lo que hace que en realidad las cosas nos cuesten el doble. Por supuesto, para que no se note tanto y evitar un motín, se suele rebajar un poco esa conversión, de allí que la crema no costase 40.000 pesos chilenos sino 33.000.

Al final, todo me resulta más caro aquí que en EEUU. Ropa, zapatos, cosmética. No me conviene casi comprar nada. Muchas veces lo hago igual porque en ropa de verano, por ejemplo, me gusta mucho más lo que venden acá.

Pero me queda la rabieta de fondo. Ojalá que el malnacido que se está enriqueciendo a nuestras costillas, cobrándonos precios de primer mundo con salarios del tercero, se quede impotente. Ojalá su joven "toy-esposa" lo engañe con el jardinero. Ojalá se quede calvo y necesite peluquín. Ojalá le salga barriga y tenga los muslos fláccidos. Ojalá exista el infierno para que se fría a fuego lento en él.

Friday, 10 February 2012

Hoy tuve una tentación


Hoy fui a ver a mis papás y en el camino pasé a saludar a mi antigua peluquera, que siempre me manda muchos cariños por medio de mis papás, que son clientes habituales. Y no pude evitar la terrible tentación que llevo encima desde hace ya varios meses... ¿pueden adivinar qué cosa hice?

Juajuajuajua... ^_^

Tuesday, 7 February 2012

Del aburrimiento en vacaciones

Hoy me llegó un correo entre divertido y rabioso: uno de mis nuevos compañeros de trabajo me dice que espera que esté disfrutando mis vacaciones, me pregunta cuánto tiempo más me voy a quedar aquí y me dice que si estoy aburrida, que se lo diga porque él está muy dispuesto a trabajar.

A primera vista un correo semejante es muy razonable, porque tenemos mucho que hacer, poco tiempo y personal (en lo esencial, solo yo). Pero ya no empieza a parecer tan normal, cuando el día antes de viajar, la misma persona me escribió un correo igual. Ante mi jefe, vuelvo el 27 de febrero. Y yo le avisé a mi compañero a su debido tiempo, puesto que mi plan era desaparecer de la faz de la red. Así que él no debería escribirme correos diciéndome veladamente que tengo que trabajar.

No entiendo el ritmo tan trabajólico gringo. Es decir, sí lo entiendo, porque es el mismo que impera en Chile: trabaja todo lo que puedas hasta que mueras del corazón. Sin embargo, yo ya no concibo la vida sin una pausa en la que precisamente busco aburrirme, porque solo entonces mi cerebro estará descansando, reduciendo la velocidad, dándose un espacio para aprender, relajarse y asentar todo lo que ha pasado desde las vacaciones anteriores.

Así que no pienso contestar el correo. Yo estoy de vacaciones. Son mías, me las he ganado y las estoy gozando a concho, aunque creo que necesitaré vacaciones para reponerme, jajajaja. Y dieta, sisisi.

Pero lo verdaderamente malo es que no me gusta trabajar con gente que me persigue y todavía no tengo ninguna atadura con la gente de este grupo, de modo que puedo perder la paciencia rápidamente (no soy famosa por ser paciente XD) y enviar todo al diablo. Considerando que no hay nadie más que pueda ocupar mi lugar, creo que mi compañero debería empezar a darse cuenta de que yo no soy un estudiante suyo. Yo soy un gato webmaster, pero ¿cómo le dice uno eso? XD